Acompañando a las Familias Solidarias

Un proverbio africano dice que “se necesita una aldea para criar a un niño” y, ciertamente, se necesita una familia comprometida para llevar a un niño, niña o adolescente por la senda hacia la renovación y sanidad.

Si las familias solidarias están ahí para los niños, nosotros debemos estar ahí para las familias. Como equipo profesional, trabajamos con la familia para que además de tener las herramientas necesarias para cubrir las necesidades de los niños, tengan también un espacio en el que puedan ser escuchados y compartir sus vivencias en la travesía del acogimiento familiar. Incluimos no sólo a los padres sino también a sus hijos y a cualquiera que comparta su hogar. Si toda la familia está abriendo sus corazones al acogimiento, toda la familia debe contar con nuestra atención.

La esperanza para nuestros niños es poder conectar con una familia, y sanar a través de esta conexión. La verdad es que la familia también necesita estar conectada; ante todo, con Dios, con hermanos y hermanas en su congregación así como con sus amistades y claro, con nosotros como equipo.

Es un privilegio para nosotros formar parte de su travesía. Ya sea a través de una llamada para saber cómo están, visitándolos en casa, compartiendo materiales, hablando y jugando con sus hijos, escuchando lo que les preocupa, atendiendo sus necesidades, orando con y por ellos, uniendo fuerzas ante los retos o incluso al tomar decisiones difíciles, estamos conscientes de que lo hacemos por el Reino. Dios está ahí para todos nosotros. Y eso es lo que nos mueve.

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